Myriam Oliveras: “Llevo en la sangre la pasión por los villanos atractivos y extravagantes”

Myriam Oliveras posa junto a un ejemplar de su última novela.

Un cielo despejado me ha acompañado desde que salí de Francia. He cruzado la frontera para pasar a España, he llegado a Cataluña y me he permitido un rodeo para pasar por Barcelona aprovechando el buen tiempo. Por eso no me explico el cielo plomizo que se me ha echado encima al acercarme al lugar que he acordado con la novelista Myriam Oliveras. He dejado atrás el cartel blanco de borde rojo que me anuncia que he llegado a Foscor. Echo un vistazo a la hora que me marca el reloj del coche y me paro en el arcén. Miro mi muñeca y también la pantalla del móvil. La hora está bien. Salgo del coche para estirar las piernas y tomar un poco de aire. Las nubes sobre mi cabeza son negras, negras, muy negras, como pintadas a carboncillo. Un azul vibrante, casi galáctico se escapa entre los perfiles del cielo. Retomo la carretera y paso al lado del instituto. Las clases deben de haber terminado y los chavales se escapan en todas las direcciones. No se marchan, se escapan. Conozco por experiencia lo que son los alumnos en desbandaba un viernes por la tarde, pero hay algo en el caminar de estos muchachos que se asemeja a una huida. Llego al punto de encuentro. Junto a la casa hay un coche aparcado en esta calle bien solitaria cuyo final se esconde al final de un punto de fuga gris, diríase infinito. Me estaciono justo detrás y me asomo con, porque no decirlo, intranquilidad. Myriam espera en el jardín de la casa. Ella comienzo a acercarse y me saluda con la mano. Miro hacia arriba. El cielo oscuro me ha seguido como una sombra. Myriam me recuerda a algunos personajes arquetípicos de Vampiro: La Mascarada. Comienzo a dudar si entrevistarme con ella en Foscor ha sido una buena idea. Ella me dice hola y el ambiente extraño del lugar me empuja a hacerle mi primera pregunta sin apenas devolverle el saludo.

Este sitio es un poco siniestro. ¿A ti este lugar no te da miedo?

No, no me da miedo. Estoy acostumbrada.

¿De dónde te viene esa costumbre y ese gusto por el misterio y el horror?

No sabría decirte, porque desde que tengo recuerdos me ha atraído lo «oscuro», por así decirlo. Por ejemplo, ya de muy pequeña adoraba los vampiros, y siempre les pedía a mis padres que me compraran colmillos falsos. También era adicta a ver pelis de miedo, aunque luego lo pasara fatal, leía libros del tipo Pesadillas de R. L. Stine, me apasionaban los villanos atractivos y extravagantes, como Jareth en Dentro del laberinto. David Bowie fue mi primer amor platónico. ¡Así que podría decirse que lo llevo en la sangre! También debo destacar que, al ser la pequeña de tres hermanos, a lo largo de mi infancia me sentí siempre sobreprotegida en exceso, y puede que eso se tradujera en unas ansias constantes de rebelarme, así como una atracción hacia lo prohibido u oculto. Recuerdo la primera vez que vi una gótica por la calle siendo yo pequeña y el impacto que me causó: una especie de morbosa fascinación que se me quedó grabada.

He terminado recientemente de leer tu novela Sombras de Raso, la primera de la colección Foscor que has creado, y el texto me transmite esa sensación nostálgica de los recuerdos. ¿Qué hay de vivido y de inventado en esa relación fronteriza entre España y Francia, de la danza y del instituto?

El tema de los orígenes franceses de Evelyn no tiene ningún matiz autobiográfico. Siempre me ha encantado Francia y más en concreto París, donde viví durante una época, así que por ese motivo me atrajo la idea de que la protagonista y narradora de la historia fuese francesa, aunque ella venga de la Costa Azul. La danza es otro tema, porque yo misma hice ballet varios años. Ya desde muy pequeña anunciaba que de mayor sería bailarina, aunque al final el destino haya tenido otros planes para mí. También es verdad que adoro a Rudolf Nureyev, bailarín que se menciona en diversas ocasiones en el libro. Por último, el tema del instituto y todo lo que los protagonistas viven en él es inventado y no tiene ninguna base real.

Buena parte de Sombras de Raso se pasa en un instituto. Mis propios recuerdos de este tipo de centro de no son excelentes porque no encontré mi lugar y no supe gestionar bien tanta impostura. ¿En tu caso fue diferente? ¿Me equivoco si digo que le tienes cierto rencor a esa época que has transmitido a personajes como Trish?

Yo ni siquiera fui a un instituto, sino a un colegio privado en el que había bastante buen ambiente. No tuve una mala experiencia y jamás he sufrido acoso, o por lo menos, nada demasiado grave. Tampoco le guardo rencor a esa época; al contrario, tengo muchos recuerdos preciosos y cierta nostalgia de esos días. Sin embargo, es cierto que nunca me mezclé demasiado con la gente, ni sentí que encajase con ellos para nada. Mi familia siempre ha vivido en una zona más bien adinerada de Barcelona, y muchos de mis compañeros pertenecían a familias con gran desahogo económico, lo cual no era en absoluto mi caso. No digo que me faltara de nada, pero no tenía acceso a las mismas oportunidades, ni llevaba el mismo tren de vida que ellos. Si sumamos el complejo de inferioridad a otras muchas rarezas, es fácil comprender mi desapego al grupo y mi falta de popularidad. Por ejemplo, entré en el colegio mucho más tarde que la mayoría, a los ocho años, cuando casi todos se conocían desde bebés; yo solía hablar en castellano y mis compañeros eran muy catalanes; siempre fui la típica empollona tímida y callada, alérgica al alcohol, las fiestas o en general el contacto estrecho con la gente… Supongo que reflejé eso de algún modo en el personaje de Trish, como muy bien dices, al resaltar sus orígenes más humildes y su tendencia a apartarse del resto de alumnos. Además, dentro de la novela el propio grupo de amigos, Echo, Pau y Trish, se identifican a sí mismos como los marginados del instituto, aunque sus motivos sean diferentes a los míos, como es lógico. ¡Yo nunca tuve la suerte, o la desgracia, de vivir en un pueblo maldito!

“Me parece inaudito el éxito de algunas personas que se limitan a subir publicaciones casi idénticas a las de todo el mundo, a arrojar cuatro reflexiones mediocres sobre los libros que leen”.

Para que nos entienda mejor quien no ha leído la novela, explícanos un poco que es Foscor y de dónde surge.

Foscor es una localidad ficticia situada en la comarca del Vallés Occidental de Barcelona.Se trata de un pueblo de unos trece mil habitantes, donde nunca brilla el sol y suceden fenómenos inexplicables: desapariciones, muertes, ruidos inquietantes al anochecer… Todo el mundo está asustado, pero nadie se atreve a reconocer que algo paranormal sucede en ese lugar. Nadie… excepto el grupo de Echo, Pau y Trish. Estos se deciden a contárselo a Evelyn, la protagonista y narradora de la historia, poco después de que esta se mude a Foscor, pero ella se enfada y se niega a creerles… hasta que llega un momento en el que ya no puede esquivar más la realidad.

La idea de un pueblo maldito y un grupo de amigos que se enfrentan a algún tipo de peligro sobrenatural tal vez esté muy vista, pero siempre quise escribir algo parecido. Sobre todo teniendo en cuenta que mis primeros referentes literarios en este género fueron autores como R. L. Stine o Christopher Pike, por no mencionar mitos cinematográficos de mi infancia como Los goonies, El club de medianoche o la miniserie de 1990 basada en It, de Stephen King. Ya he mencionado antes mi amor por todo lo que fuera oscuro o siniestro, y un día de golpe me vino a la mente la idea de Foscor, un pueblo cuyo nombre, literalmente, significa «oscuridad» en catalán. A partir de ahí comenzaron a venirme muchísimas ideas, y lo curioso es que ya partí con líneas argumentales para como mínimo siete u ocho libros, incluso antes de haber escrito el guión del primero.

¿Cómo va ir evolucionando la colección a nivel de los personajes y de sus aventuras?

Prefiero no desvelarlo, sería hacer spoiler de las siete entregas que vienen después de Sombras de raso. Solo os garantizo que Evelyn y sus amigos no se van a aburrir: tendrán que enfrentarse a vampiros, genios malvados, brujas, maldiciones… Pero no solo a eso, también a temas mundanos como el concepto de la amistad, el amor o la importancia de la familia. Y me permito irme de la lengua con un último detalle, por si me están leyendo fans de la película Dentro del laberinto, no podéis perderos la octava y por ahora última entrega de la saga, titulada El mundo al revés.

Hablas de experiencias que me recuerdan a fenómenos que he vivido y no he podido explicar racionalmente. En mi instituto a unos compañeros una Ouija se les fue de las manos pero años después he seguido constatando que en la vida y en la naturaleza hay misterios que nos escapan ¿Has vivido alguna experiencia que limite con lo sobrenatural?

Soy una persona escéptica por naturaleza y nunca me trago cuando la gente me cuenta supuestas historias de fantasmas o experiencias sobrenaturales que han vivido. Sin embargo, me han pasado cosas extrañas o inexplicables en alguna ocasión, de modo que no puedo afirmar de manera categórica que no existan los eventos paranormales. Te contaré lo más inquietante que me sucedió una vez, y además, es lo más reciente. Hará menos de un año, estaba en el gimnasio corriendo en la cinta, un día cualquiera después del trabajo. Estas máquinas se hallan en la planta baja, que da directamente a la calle, de modo que se puede ver a los transeúntes a través de los cristales. De pronto, distinguí claramente a mi novio pasando por delante de la puerta, aunque no entendía qué hacía allí. No solo no debía tomar ese camino para volver a casa desde el trabajo, sino que además, en teoría salía una hora más tarde. Sorprendida, seguí mirándole con la esperanza de que me buscara en el interior, pero no lo hizo y siguió caminando hacia arriba, en dirección a nuestro piso. Al salir, estuve a punto de mandarle un mensaje para saber por qué había vuelto tan pronto, pero como vivo cerquísima del gimnasio, me fui directa a casa. Entré y comencé a llamarle, pero no obtuve respuesta alguna. Sin entender nada, registré toda la casa… pero no había ni rastro de él, y eso que en el dormitorio vi tirada encima de la cama la camiseta que juraría él llevaba puesta al verle pasar por delante del gimnasio.  Mosqueada, le mandé un mensaje de voz preguntándole dónde se había metido y preguntándole por qué había salido antes del trabajo… y él me respondió, perplejo, que aún estaba en la empresa. Incluso oí ruidos de fondo que me confirmaron que seguía allí, al margen de que él es la persona más sincera del mundo. Me dijo que le habría confundido con otra persona, pero yo no podía creerlo. No es que ese chico fuese parecido: es que para mí, era él. No había tenido absolutamente ninguna duda al verle: era su cara, su ropa, sus gestos, incluso su forma de andar. Quizá a algunos esto les parezca una tontería y piensen que fue un simple error por mi parte… pero yo me tiré unas semanas bastante inquieta por el asunto. Aún hoy en día, sigo sin entender qué pasó, y por desgracia, nunca he vuelto a ver esa persona. Me encantaría saber si simplemente era alguien muy parecido. Dicen que todos tenemos un doble… Por imposible que me parezca, aquello tuvo algo de paranormal. ¡Supongo que nunca lo sabré!

“Hoy en día es prácticamente imposible destacar en las redes sociales, inundadas por toda clase de supuestos expertos en el tema que sea. Al final, es inevitable que muchas personas valiosas se pierdan en esa marea de mediocridad, y que solo unos pocos afortunados obtengan éxito”.

Hablamos de lo sobrenatural y pienso en Drácula al que has mencionado antes. Cuando uno lo piensa, Drácula es una metáfora del aristócrata que chupa la sangre al pueblo, un tipo más bien reaccionario bastante despreciable. ¿Por qué nos seduce tanto este personaje?

Desconocía esa teoría sobre Drácula, aunque yo no lo veo así. Tampoco puedo responder en boca de los demás, pues me considero una persona bastante extraña y no me identifico para nada con la sociedad, ni suelo pensar de forma parecida. Así que, si no te importa, te contestaré desde mi perspectiva. Opino que Drácula o, en general, la figura del vampiro, seduce por el aire poderoso e invencible que le rodea. Pese a verse obligado a realizar un acto tan abominable como el beber sangre humana, no podemos olvidar que es mucho más fuerte que un humano y tiene vida eterna… ¿Quién no ha soñado alguna vez con la idea de vivir para siempre? Todos tememos a la muerte, y los vampiros representan la oportunidad de burlarla, de rehuir nuestro inevitable fin y abrazar la eternidad… incluso aunque suponga tener que refugiarnos en la oscuridad y alimentarnos de forma tan monstruosa. Un precio muy alto, pero que sin duda muchos estarían dispuestos a pagar. A mí, en concreto, el tipo de vampiro que más me seduce no es tanto Drácula, si bien me encanta el libro de Bram Stoker y, sobre todo, la película de Coppola, sino los de Anne Rice: ese vampiro elegante y sensual, ataviado con levitas de terciopelo o chaquetas de brocados, que convierte su forma de vivir y alimentarse en algo glamuroso y fascinante, a pesar de su lado retorcido.

Tu catálogo de novelas no se reduce a Foscor, ¿verdad? ¿Qué otros géneros visitas o de qué otros temas escribes?

Tanto antes como después de Foscor he escrito bastantes cosas. De hecho, actualmente en mi Tienda Kindle hay publicadas quince novelas en total. Al margen de la fantasía, toco géneros como el misterio o el romance. Por otro lado, no solo escribo novela juvenil como Foscor, sino también adulta. En el futuro tal vez me centre más en el romance, viendo que mi última obra, Fantasmas de niebla, se está vendiendo mucho mejor que el resto.

Un día me has comentado que estás diplomada como profesora de inglés. ¿Ejerces esta o otra profesión al margen de la literatura?

Tengo una licenciatura en Traducción e Interpretación y un Máster en profesorado. Me considero primordialmente traductora, si bien no ejerzo ni de lo uno ni de lo otro. Actualmente, trabajo en el mundo de la informática, aunque me encantaría explorar la posibilidad de convertirme en correctora editorial en un futuro. Si no, imagino que seguiré en el sector de la informática.

Informática y con una web de reseñas que se llama Miss Salander. ¿Alguna relación con la saga Millenium?

Por supuesto, adoro a Lisbeth Salander. Curiosamente, vi la primera película, la versión sueca, antes de conocer siquiera los libros, y me fascinó de tal modo que de inmediato me leí la trilogía entera. Me identifico con muchos aspectos del personaje, aunque no todos, porque de hecho, yo soy de letras al cien por cien Pese a trabajar en el mundo de la informática, digamos que es a un nivel bastante básico, y no es algo con lo que disfrute. Yo soy feliz rodeada de libros, envuelta por las palabras que crean otros mundos en mi imaginación, y no me atraen en absoluto los números ni las ciencias en general.

Hay una cierta preocupación con la manera en que la tecnología, la pantalla y las redes absorben a la gente, especialmente a los jóvenes, y les hace olvidar el mundo real para abandonarse a una realidad ficticia. ¿Acaso ves diferencias con refugiarse en la lectura?

Rotundamente, sí. Soy una víctima más de las redes sociales, las veo muy dañinas, sobre todo si no se saben gestionar con prudencia. Hoy en día la mayoría de nosotros vivimos enganchados a nuestros teléfonos móviles, especialmente los jóvenes, y pienso que generan un impacto nocivo en las mentes humanas, más aún si estas son frágiles y maleables, como es el caso de los adolescentes o las personas con inestabilidad emocional. Las redes sociales nos manipulan, mostrándonos situaciones falsas que pretenden hacerse pasar por reales: vidas y cuerpos perfectos, triunfos constantes, diversión a todas horas, escasas obligaciones, sonrisas y felicidad permanentes… Olvidamos que todas esas personas que vemos, con vidas supuestamente perfectas, son tan humanas como nosotros, y tienen también días malos, defectos físicos y/o mentales, problemas y preocupaciones, como todo el mundo. Se nos olvida que esas fotos no reflejan la realidad de nadie, que se han tomado en las condiciones ideales de iluminación, pose, etcétera, en ocasiones, incluso por fotógrafos profesionales y después han sido editadas hasta la saciedad. Es evidente que la lectura también puede ser nociva si se eligen libros que promueven ciertas ideas del mundo poco recomendables, como sucede con gran parte de la literatura romántica del tipo chick-lit, pero pienso que su efecto no es tan tóxico como el de las redes sociales. Por lo menos, en mi caso no me ocurre a menudo que un libro me haga sentir mal, y si eso sucede, el impacto no es ni de lejos similar a la frustración constante que siento en redes sociales como Instagram. Es decir, veo mucho más lógico y fácil que una persona se compare con otra de carne y hueso a través de una red social, que con alguien de un libro… incluso aunque las imágenes que inundan nuestras pantallas a todas horas tengan tanto de ficticio como un personaje de papel.

Se oye mucho hablar de la crisis de la lectura pero uno no ve más que nuevos y nuevos libros y echando un vistazo a redes como Instagram se encuentra uno verdaderos devoradores de novelas. ¿Por qué esta insistencia en hablar de lo poco que se lee si se lee más que nunca? ¿Acaso se lee mal?

Es un tema complicado y creo que hay muchos motivos. Uno de ellos podría estar relacionado con la aparición de los libros digitales. Estos suelen tener precios abusivos, teniendo en cuenta que se ahorran por completo los costes de impresión, y es posible que muchos lectores opten por descargarse libros piratas o utilizar plataformas como Amazon, que por un módico importe mensual ofrece acceso a un montón de ebooks gratuitos a través de Kindle Unlimited. Y otro tema también sería que todas esas redes que mencionas, como por ejemplo Instagram, se basan de nuevo en las apariencias. La gente suele estar más preocupada por hacer montajes fotográficos y decir cuatro obviedades sobre el libro en cuestión que hacer una reseña profunda que demuestre la lectura de dicho libro, o que aporte alguna clase de información valiosa. Algunos incluso se limitan a copiar la sinopsis de la obra y lanzar varias preguntas a sus seguidores para obtener comentarios. Hay un ansia constante por la inmediatez y la atención, por el aumento de likes y followers. No sé hasta qué punto toda esta generación de adictos a redes sociales relacionadas con la literatura suponen un verdadero impacto en la venta de libros. También es cierto que habría que comparar cuánto público tienen este tipo de comunidades lectoras en las redes sociales, me refiero en comparación con otras basadas en la moda, el maquillaje o el cine… Como digo, hoy en día prevalecen mucho más las imágenes y la inmediatez, conceptos difícilmente compatibles con la literatura, que requiere reflexión, pausa y recogimiento. Por poner un ejemplo, he obtenido mucha más atención en Instagram, con reseñas cortas y fotografías impactantes, que a través de las largas reseñas de mi blog literario, las cuales, contradictoriamente, suponen mucho más trabajo. Es por eso que, pese a mi mencionada adicción a las redes, y a las ansias de éxito y reconocimiento en las que caemos todos, en muchos momentos me siento asqueada por formar parte de todo ese mundo de falsedad y apariencias.

“¿Quién no ha soñado alguna vez con la idea de vivir para siempre, rehuir nuestro inevitable fin y abrazar la eternidad… incluso aunque suponga tener que refugiarnos en la oscuridad y alimentarnos de forma tan monstruosa?”

Vuelvo a la informática y las redes. Tú publicas reseñas, pero también escribes novelas así que te habrás topado con autores, críticos y «críticos». ¿No te parece que hay mucha piraña viviendo o subsistiendo en las redes de comentar lo que hacen los demás? Al margen de gente original que añade un valor añadido a lo que comenta, quiero decir.

Totalmente de acuerdo. Es una pregunta muy interesante, sobre todo teniendo en cuenta mi forma de pensar. Además, va en consonancia con lo que comentaba hace un momento. No quiero señalar a nadie con el dedo, pues yo misma formo parte de una comunidad de lectores en Instagram, pero me parece inaudito el éxito de algunas personas que se limitan a subir publicaciones casi idénticas a las de todo el mundo, a arrojar cuatro reflexiones mediocres sobre los libros que leen, a veces incluso con alguna falta de ortografía. Puede que sea un poco hater por mi parte, pero esa es mi opinión y admito que poco a poco me he ido desencantando de ese mundillo. Al mismo tiempo, sin embargo, no puedo “escapar” de él si deseo tener algún tipo de reconocimiento en el mundo de la literatura; hoy en día, si no tienes presencia en las redes sociales, y cuantas más mejor, no eres nadie. Tampoco quiero ser injusta; es obvio que hay cuentas que ofrecen publicaciones magníficas, con reseñas interesantes y bien estructuradas, pero por desgracia, no todas obtienen la atención que merecen. Hoy en día es prácticamente imposible destacar en las redes sociales, inundadas por toda clase de supuestos expertos en el tema que sea. Al final, es inevitable que muchas personas valiosas se pierdan en esa marea de mediocridad, y que solo unos pocos afortunados obtengan éxito. No hay que olvidar que la mayoría de redes sociales se basan en un algoritmo incomprensible para la mayoría de los mortales… y al final, tiene más peso la cantidad de seguidores que uno tiene que la calidad de sus publicaciones. Por no mencionar que muchísima gente (más de la que creemos) compra seguidores para inflar artificialmente su fama y perpetuar el círculo vicioso; cuantos más followers, más visibilidad se otorga a esa cuenta, incluso aunque muchos sean bots. Es un tema desesperante y agotador.

En esto de escribir novelas, ¿cómo caíste? Digo lo de caer porque muchas hablan de la escritura como una droga o un veneno.

Es imposible decirte cómo caí, o por lo menos muy difícil, porque escribo casi desde que tengo recuerdos. Para mí, más que una droga es una necesidad vital. Mis primeras obras, relatos tipo cuento, las escribí con apenas ocho años y con diez ya me atrevía con novelas cortas, que escribía a mano en libretas tipo bloc, y a las cuales incluso les dibujaba una tapa. En esos primeros tiempos, intentaba imitar el estilo de uno de los autores que te he mencionado antes, R. L. Stine, sobre todo su colección La calle del terror; novelas cortas sobre adolescentes que residían en una ciudad ficticia, en la cual había una calle maléfica donde siempre se producían sucesos horribles, como asesinatos o desapariciones inexplicables. A lo largo de los años, seguí escribiendo mayoritariamente relatos y algunos poemas según la época, pero a partir de los dieciocho me centré en escribir novelas, y así hasta hoy. Para mí, escribir lo es todo, incluso me sirve de terapia. Tengo una imaginación desbordante, y me puede pasar que esté andando por la calle y de golpe me ponga a redactar lo que veo o siento en mi mente, o perderme en fantasías violentas en cualquier momento. Es un modo de aislarme de la realidad, de un mundo que no me gusta y que no comprendo.

Publicado por carloscuestaesp

Escritor, periodista, profesor. Crear, difundir, transmitir.

6 comentarios sobre “Myriam Oliveras: “Llevo en la sangre la pasión por los villanos atractivos y extravagantes”

  1. ¡Fantástica entrevista! Me ha encantado conocerte mejor, Myriam. En muchos puntos me siento identificada contigo y estoy de acuerdo totalmente en el tema de redes sociales.
    Por cierto, tu experiencia paranormal me ha impresionado. Existe la teoría de la bilocación. Quién sabe…
    Un abrazo! Y a seguir así, ya sabes que me declaro fan absoluta de tus libros.

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      1. En un contexto religioso se hablaba de la bilocación de algunos santos. En cuanto a mi experiencia personal, como ejemplo y anécdota, durante años mi primer recuerdo fue verme caminar hacia mí mismo por el pasillo de la casa de mis padres. Al crecer y ver fotos mías comparadas con la de mi hermano mayor corroboré que a veces la mente juega con uno, y que lo que yo recordaba era a mi hermano mayor llegando a casa y yo caminando hacia él. A veces veo en Francia a personas que me recuerdan muchísimo a otras que conozco de España y me supongo que la mente busca similitudes para darnos seguridad. También hay que aceptar dar un margen al misterio y a lo desconocido. Ciertas coincidencias y algunas situaciones nos son inexplicables,

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